Esta especie es un verdadero fenómeno exclusivo uruguayo, al punto que su pesca se convierte en una asignatura pendiente para muchos pescadores, sobre todo de los países limítrofes, como Brasil y Argentina.
Dado que habita en ambientes cerrados, no navegables, tiene una permanencia asegurada. Es la especie más sedentaria de todas, y protege su espacio, por lo que es menester devolver las cobradas para no alterar el orden del ámbito. Una tararira adulta, puede estar más de 20 minutos fuera del agua y regresar sin problemas siempre que no esté lastimada en puntos neurálgicos.
La temporada de la Tararira Tornasol se extiende desde fines de agosto hasta marzo o abril, dependiendo de los períodos de lluvias que comienzan en otoño.
Al inicio (agosto, setiembre y octubre), se pescan en cauces menores, de escasa profundidad, donde la temperatura promedio del agua alcanza los 18 ºC que necesita la especie para salir de su letargo invernal.
En arroyos como el Salsipuedes Chico, el Tres Árboles o tantos otros que desembocan en el Río Negro, el pescador puede llegar a caminar promedios superiores a los 12 o 14 kilómetros, pescando y devolviendo al agua las piezas cobradas, y bebiendo el agua transparente y deliciosa que no pasa por absolutamente ningún centro poblado.
Para la pesca de la Tararira Tornasol hay que contactarse con guías especializados con los permisos otorgados por los propietarios de los campos. La modalidad de pesca en el inicio de la temporada es exclusivamente el spinning, que se practica en las costas limpias de los arroyos, donde no hay que soportar calores sofocantes ni el asedio de insectos que obliguen a prevenciones sanitarias.
A partir de noviembre, cuando la temperatura en los cauces profundos llega a los límites adecuados, la aventura de la tornasol se amplía con el trolling, modalidad que permite descubrir los lugares más exquisitos de la naturaleza del país, llegando a las arterias de agua más distantes del mundanal ruido. Para la práctica del trolling, en estos pequeños cauces se utilizan botes de entre 3 y 4 mts., con motores de 2.5 hasta 10 hp., conformando equipos livianos que permiten ser levantados para sortear correderas de piedra.
Esta Tararira se pesca lanzando señuelos de cuerpo o cucharas giratorias que trabajen por debajo de la superficie del agua. La toma de los artificiales es franca y se suele manifestar con un violento ataque apenas el señuelo cae al agua o cuando es recogido unos pocos metros. Después de la toma del señuelo, corre en busca del lecho hasta que, intentando liberarse, se eleva en formidables saltos, mostrando su esbelta anatomía en la paz del arroyo. Este espectáculo resulta inolvidable para quienes aman la pesca y la naturaleza.
Para trabajar sin mayores riesgos, es conveniente contar con un copo en el momento de cobrar las piezas, sobre todo en una embarcación. Posteriormente, el buen pescador debe devolver la pieza al agua, cuidando siempre no lastimar las branquias del pez.
Para el spinning se utilizan señuelos de superficie y media agua, que descienden hasta 3 o 4 metros, según los maneje el pescador. Generalmente, los artificiales que trabajan en neta superficie, como los sputters, plop, jitters o cigarros, se utilizan con el fin de despertar e irritar las tarariras, para luego pescarlas con aquellos artificiales que desciendan no menos de 50 cm.
En la modalidad de trolling, se usan artificiales que descienden hasta 6 metros, cuya función principal es trabajar a nivel del lecho, donde habitan las tarariras más grandes.
Las cañas, tanto para el spinning o el trolling, son de 7 pies, para 25 hasta 30 libras.
Para un mejor manejo del lance de los artificiales, conviene utilizar reels ergonómicos provistos de frenos múltiples, ya sean centrífugos o magnéticos. Se utilizan líneas de nylon para 20 libras o los nuevos multifilamentos, que son de menor calibre pero mayor resistencia.
Dada la potente boca dentada de las tarariras, el aficionado debe contar con dos pinzas, una curvada para sostener el pez por la boca y otra de puntas redondas para retirar los anzuelos triples de los artificiales sin correr riesgos.n